El ‘San Miguel’ ya tiene 100 años

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mercado san miguelExcelencia y tendencia gastronómica son dos de los adjetivos que mejor definen a este gigante de hierro que sopla, este año, las 100 velas.
El Mercado de San Miguel, situado en pleno corazón del Madrid de los Austrias, junto a la plaza Mayor, combina diferentes puestos de productos artesanos y cocina de vanguardia para ofrecer al visitante una explosión de sabores, olores y colores, que no dejan indiferente a nadie.

Los orígenes del Mercado de San Miguel

Aunque en sus alrededores, lo que en el siglo XIII era la Iglesia de San Miguel, de ahí le viene su nombre, hay constancia de cierta actividad comercial que se ubicaba en los soportales del templo, lo cierto es que no fue hasta el año 1913 cuando se comenzó a levantar lo que constituiría los cimientos del hoy Mercado de San Miguel. El arquitecto responsable de las primeras obras fue Alfonso Dubé y Díez. El San Miguel es uno de los pocos ejemplos de mercados de arquitectura en hierro que se conserva en la capital ya que el de la Cebada y el de Los Mostenses desaparecieron con el paso del tiempo. Es por ello que, hace unos años, se le declaró Bien de Interés Cultural en la categoría de monumentos.

Fue un mercado muy exclusivo durante el periodo entre los años 40 y 60 del pasado siglo XX. Lo cierto es que se consideraba un mercado para las clases más adineradas que podían pagar el precio que requerían los productos de calidad que en aquella época ofrecía el mercado. Junto a este carácter de exclusividad se dio otro fenómeno, el éxodo de ciudadanos a zonas más alejadas del centro de Madrid, lo que hizo que decayera un poco. “Hubo varios intentos de reactivarlo y varias reformas arquitectónicas con los que no se logró recuperar del todo la actividad”, detalla a varias agencias su presidenta, Montserrat Valle. Y, precisamente, por ese motivo, en el año 2003 se trató de redefinir su concepto e integrarlo en la zona turística en la que se ubica, junto a la plaza Mayor, la plaza de la Villa y la famosa Cava Baja de Madrid. Fue en 2009 cuando San Miguel abrió sus grandes puertas de hierro para ofrecer a los visitantes una serie de productos artesanales y zonas de degustación que no solo han sido un éxito culinario y gastronómico sino que se ha extendido el concepto de mercado gourmet a otros centros de Madrid que impulsan la misma idea de mercado. En palabras de su presidenta: “Creemos que hemos abierto una vía para dar viabilidad a otros mercados, para seguir luchando contra que las grandes industrias se coman la producción artesanal”.

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Sus puertas se abren a las 10 de la mañana y ya son muchos los turistas e interesados en desayunar, en las diferentes pastelerías que se ubican en su interior. El modus operandis es muy sencillo: el mercado está concebido para que los clientes seleccionen qué productos desean degustar a lo largo de los diferentes stands para, más tarde, situarse en dos grandes áreas centrales repletas de mesas y sillas para que los comensales disfruten de los ricos manjares y den rienda suelta a sus paladares.
Pero no solo está concebido para el desayuno ya que permanence abierto, ininterrumpidamente, hasta la medianoche -se amplía a las dos de la madrugada los jueves, viernes y sábados- así que permite, almorzar, merendar, cenar y tomar una copa.

Además, los que así lo deseen podrán hacer la compra y llevar a casa los mejores productos desde hortalizas y frutas, pasando por carnes o pescados, vinos, pastas o dulces, entre otros.

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Unas 75.000 personas acuden cada semana, de las que el 40% son turistas extranjeros, y es que se ha convertido en punto de visita obligada para paladares exigentes de todo el mundo, como La Boquería en la ciudad condal “lo que contribuye a difundir la gastronomía española, que es muy desconocida todavía”, resalta Valle.

Menos puestos y más exclusivos

Son 33 los puestos que se distribuyen a lo largo del Mercado de San Miguel cuya titularidad es privada, en cuyo espacio central se asientan ocho carritos cuyos productos varían cada seis meses, lo que permite presentar novedades a sus clientes.
De sus más de 30 locales, sólo uno, Pescados y Mariscos Morris, ha permanecido a lo largo de los años. El gerente de Morris, José Bonales, explica que “antiguamente había aquí 73 puestos, pero en los últimos años sólo quedaba una veintena. La reforma salvó el mercado y la imagen de Madrid, porque aquí en invierno apenas existía movimiento”.

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Desde su remodelación en 2009 se ha ido especializando en la venta de productos y alimentos delicatessen, incorporando en sus 1.500 metros cuadrados nuevas formas de venta y promoción del pequeño comercio especializado, como son las llamadas barras de degustación, aunque también cuenta con servicio de catering y catas gastronómicas. Un auténtico templo del ocio gastronómico.

Imágenes : Juan Municio

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1 Response

  1. 24 junio, 2015

    […] absolutamente exquisito, muy conscientes de que los comensales que acuden a ellos esperan vivir una experiencia gastronómica que no olvidarán en su […]

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